miércoles, 9 de septiembre de 2009

Expresión para compartir

Esta idea nace en el momento en que, al ver las hojas escritas en mis cuadernos con historias e ideas ya cerradas (y tantas otras que quedaron a medio pensar); decidí compartirlas. El único propósito en principio es ese.

Comencé primero por imprimir un cuento (Múnguencaiñe), un poema (Fruto de mar), los versos de una canción (Mensaje) y un rejunte de pensamientos somnolientos (Interrupción reversible). Con varias copias de esas cuatro hojas salí por los pasillos del edificio en el que vivo a dejarlas en las puertas de los departamentos (sí, soy un poco cobarde, no me dio el escracho para ofrecerlas en la plaza) y así di el primer paso con la esperanza de que sean leídas, y en el mejor de los casos, guardadas.

Este es el segundo paso, y el que le da la forma deseada a la idea original, ya que en el primero sólo ofrecí dos o tres minutos de lectura (casi obligadamente) pero sin buscar ninguna respuesta.

A continuación dejo el cuento "Múnguencaiñe", (uno de los cuatro textos citados anteriormente) para darle comienzo a esta experiencia.

Múnguencaiñe

Acercándome al lugar de vuelta, me incliné ante el árbol, imaginé que eso era lo que debía hacer. Ella ignoró toda la situación y se bañó en el río, más frío de lo previsto. Oculta entre las hojas, ahí apareció, del agua a la copa del árbol; cómo no lo imaginé. Antes de que lo hiciera ya me arrodillaba ante ella.

Lejos, ya en el medio del puente, dando lo mismo seguir que volver, elijo el camino más corto, quedarme ahí; no me interesa ningún extremo.

Una vez dormido cuento los pájaros que están volando, a los que están en los árboles y a los que en tierra descansan. Pienso sumarme a los que sean impares, por algo se mantienen así. Ninguno de los del grupo del árbol pasa al de la tierra, ninguno de los del grupo de la tierra pasa al del árbol, ninguno de los que están volando baja al árbol ni a la tierra, ninguno de los del árbol ni de los de la tierra vuela; ninguno es un pájaro.

Me despierta cuándo empezaba a entender, cuándo me di cuenta que era un sueño, aunque quizás lo se sólo porque me despertó. La veo tan ajena, pero tan linda cómo siempre, cómo todos la ven. Pero si quería que cruce el puente nada más tenía que pedírmelo, no despertarme y tirarme, yo no tenía idea que no había agua debajo, de haber sabido ni me subía y por ahí cruzaba.

Acercándome al lugar de vuelta, me incliné ante el árbol, imaginé que eso era lo que debía hacer. Ella ignoró toda la situación, me engañó y rió, más fría de lo previsto. Oculta entre las hojas, ahí apareció, del puente a la copa del árbol, cómo no lo imaginé. Antes me arrodillaba ante ella.

Lejos, ya en el medio del río, dando lo mismo una orilla que la otra, elijo el camino más corto, quedarme ahí; no me interesa ningún extremo.

Una vez sumergido cuento a los peces que comen del agua, a los que comen de las piedras y a los que comen del suelo. Pienso sumarme a los que sean impares, por algo se mantienen así. Ninguno de los que come de las piedras come del suelo, ninguno de los que come del suelo come de las piedras, ninguno de los que come del agua come del suelo ni de las piedras, ninguno de los que come de las piedras ni de los que come del suelo come del agua; ninguno es un pez.

Me despierta cuando empezaba a entender, cuando me di cuenta que estaba ahogado, quizás lo supe en el momento que me reanimó. La veo tan ajena, pero tan linda cómo siempre, como todos la ven. Pero si quería que cruce el río nada más tenia que pedírmelo, no esperar que me quede en el medio y me sumerja desconociendo la profundidad para después salvarme y ponerme en un bote, yo no tenía idea que existían botes, de haber sabido no nadaba y cruzaba en uno.

Acercándome al lugar de vuelta, me incliné ante el sol, sé lo que estoy haciendo. Ella ignorante como siempre no miró ni rió, más fría que de costumbre. Oculta entre las hojas, ahí apareció, del agua a la copa del árbol, como lo imaginé. Nunca sabrá explicarme qué pasa entre el agua, el puente y la copa del árbol.

- Múnguencaiñe (en dialecto mapuche su significado es "el eterno enemigo"). En el título de este texto sólo se toma este término de manera literal, ya que no tengo la certeza de quién era para ellos el eterno enemigo.


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